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17 mayo, 2019Aceite para el candil, o aceite para las lámparas. Ese ha sido siempre el uso que se ha dado a los aceites de baja calidad. De ahí el nombre de aceite lampante por el que se les conoce. Se reserva desde siempre el mejor aceite para el consumo humano. El que mejores atributos tiene, el que nos alimenta y favorece nuestra salud. El otro, el que no es apto para el consumo, hay que apartarlo. Lo que históricamente se hacía con esos aceites era dedicarlos a dar luz, entre otras cosas.
No sólo para el Candil
Hoy en día, sin embargo, desde hace ya bastante tiempo (principios del siglo XX) estos aceites se pueden refinar y convertirlos en aptos para el consumo. Desprovistos de aroma y sabor, pero aptos. De hecho, una buena parte de los aceites que se venden como Aceite de Oliva llevan aceites lampantes refinados en mayor o menor proporción. De esta forma se ha incrementado notablemente la oferta al público de aceite llamado “de oliva” con unos precios muy asequibles.
Cabría esperar que un mercado, conocedor de las bondades y las carencias de unos y otros tipos de aceite, fuera poco a poco distanciando los precios entre ellos. Pero no es así. De hecho, este proceso de asimilación para el consumo de los aceites lampantes, ha tenido el efecto contrario. La horquilla que separa el precio en origen de un aceite de oliva virgen extra del de un aceite de oliva lampante es cada vez menor. Los datos del mercado en origen español en las últimas semanas nos muestran un precio del AOVE por kilo de 2.40€ aproximadamente. Y para el lampante, un precio del alrededor de 2.00€ por kilo.
Una diferencia que no incentiva la calidad
En nuestra humilde opinión, el precio del virgen extra está infravalorado. No cubre los costes necesarios en la mayoría de las explotaciones, sobre todo en los olivares tradicionales. Esto crea una dependencia excesiva de las ayudas o subvenciones, como por ejemplo la PAC. Además no incentiva la calidad. En cambio el lampante, tiene un precio que en términos relativos, por comparación con los virgen extra, está sobrevalorado. No es un producto comparable, ni por sus cualidades, sus atributos beneficiosos para la salud, ni por el esfuerzo que supone hacer las cosas de manera que el producto sea de la máxima calidad. Aceites lampantes, cuyo destino sea el refino, se pueden conseguir incluso de olivares semi abandonados. Todo esto debe saberlo el consumidor. Si no, jamás podrá valorarlo.
Por otro lado, es también cierto que las explotaciones modernas con cultivos intensivos o superintensivos abaratan mucho los costes de producción. Y eso está bien. Sólo queda que el mercado recompense de forma adecuada la diferencia entre calidad y no calidad. Del candil a la mesa, actualmente, apenas hay diferencia.
1 Comment
Me ha gustado mucho este articulo. Cada dia son más los que desconocen por completo la calidad de los alimentos (sean cuales sean) ,y piensan que pueden comprar a bajos precios productos de excelencia.